sábado, 4 de abril de 2015

El último adiós


El pasado 28 de marzo, tras una enfermedad que no perdona ni animales ni hombres, murió mi Fox Terrier Paquito. Cuando el veterinario le aplicó la eutanasia y comprobó que su corazón se había detenido nos preguntó a mi pareja y a mí ¿Qué queréis hacer con él? Os aseguro que, el shock y el dolor de ver a tu ser querido muerto en una camilla os aseguro la mente se os queda en blanco y con una capacidad de reacción muy limitada. Así que, como ya habíamos pasado por una experiencia parecida con nuestro perro anterior, decidimos hacer lo mismo: que fuera incinerado por el Ayuntamiento de Madrid junto a otros perritos, así Paquito no estaría solo… Ahora, pasados unos días he estado buscando otras alternativas por si os pueden ser útiles.

Si optas por la cremación, existen empresas privadas que llevan a cabo la cremación de una forma más humanizada que por el Ayuntamiento  (que no ves cuándo se llevan su cuerpo y tampoco te devuelven sus cenizas).  Por ejemplo, HadesCan y Cremascota disponen de salas de velatorio donde despedirte de tu perro o gato en la intimidad. Las cenizas se entregan en una urna de cerámica (tienen un extenso catálogo donde elegir) y se acompañan con el correspondiente certificado de incineración individual.
En San Antonio Abad Memorial Center además de realizar incineraciones individuales, de certificarlas, de tener un equipo de psicólogos que ayudan en el duelo, de tomar en cerámica una huella de su pata antes de la cremación para que te la lleves a casa, y de tener una sección en su web donde poner una esquela; ofrece varias posibilidades (algunas de ellas muy sofisticadas) de qué hacer con las cenizas. Por ejemplo, venden relicarios donde guardar una pequeña porción de sus cenizas; pueden recrear la imagen del animal a partir de los restos y convertirlo en un cuadro gracias a sus sistema de Proceso Pictórico de Transformación de Cenizas (PPTC) e, incluso, son capaces de transformarlas en un diamante de entre 0,20 a 1,29 quilates. 




Si prefieres enterrarle, entre pinares, viñedos y veredas se encuentra El último parque, el único cementerio para animales en la Comunidad de Madrid inaugurado en 1983. Disponen de diversos tipos de fosas y ornamentos (con precios que oscilan entre los 130 y 5.000 euros) y, entre otras posibilidades, también ofrece la posibilidad de enterrar a nuestra mascota en una urna biodegradable que permite incorporarse al medio natural. Si se desea, la urna es enterrada junto a un pino autóctono joven que ayudará a aumentar la masa forestal del entorno y, en homenaje, se instala una placa de barro con el nombre de nuestra mascota.


Aunque una última foto con nuestra mascota, tomada de forma profesional y elegante, es una hermosa forma de decirle adiós. Una idea que la fotógrafa Sarah Ernhat lleva a cabo con sus Joy Session, una serie de retratos que la norteamericana toma entre los dueños y sus mascotas terminales, y cuyas fotografías ilustran este post. Son imágenes íntimas, cuyo fin es recordar los buenos y felices momentos que pasamos junto a nuestro animal de compañía.  


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